Diversión y vida.
Muchos buscan la diversión de una forma casi frenética, sobre todo entre los más sedentarios.Esto para salir de la rutina diaria, del trabajo o del estudio. La diversión es cosa buena y necesaria, ya que juega un papel importante a nivel terapéutico, pues por medio de ella se logra un equilibrio entre las responsabilidades propias de la vida y la salud del cuerpo y de la mente. La verdadera diversión lleva al hombre a disfrutar la vida y a darle mayor sentido a todo lo que realiza. El estrés, la monotonía, la costumbre pueden quitarle la chispa a la propia vida, y por eso que hay que saber divertirse y divertirse bien. Entre los efectos positivos de la diversión están la alegría y la relajación por las que se puede disfrutar cada uno de los momentos de la existencia. Pero hay falsas diversiones, y éstas se caracterizan por sus efectos negativos.
Diversión y negocio.
Hay quienes hacen de la diversión un gran negocio: ofrecen lugares y medios para que los jóvenes busquen el alcohol u otro sevicios. Y el lugar idóneo para realizar esta experiencia son los antros. En ellos los jóvenes se sienten libres; lejos de la vista condenatoria de los padres y de la sociedad, casi todos los que asisten se emborrachan para divertirse, y, una vez borrachos, no se dan cuenta de que ellos mismos se convierten en el objeto de la diversión de los demás. En estos lugares, el permisivismo alcanza su máxima expresión. Los dueños de los antros, y valiéndose de los medios de comunicación social, presentan una imagen muy atractiva: el binomio alcohol-éxito. Los comerciales de bebidas alcohólicas presentan, en su gran mayoría, a jóvenes bien parecidos y alegres, siempre rodeados de otros jóvenes modelos, en un ambiente envidiable. Esta propaganda ha dado resultado, porque según estadísticas, el consumo de alcohol en la juventud va en aumento, especialmente en las mujeres. Muchos jóvenes toman para divertirse, pero detrás de esta diversión se encuentra una realidad muy diferente, es decir, existe una dolorosa angustia vital.
Diversión no es sinónimo de felicidad.
La mayoría de los que se alcoholizan, o se drogan o tienen relaciones sexuales compulsivas casi siempre lo hacen o porque padecen serias carencias afectivas. Los antros se han convertido en lugares donde se puede conseguir «sexo fácil». Los adictos sexuales experimentan un gran placer, pero jamás podrán llenar así el vacío que existe en su vida. Para muchos, la diversión es solamente la parte externa de corazones que han secado su fuente: ojos que ya no brillan ni se emocionan; bocas que se cierran porque ya no hay canción. Como si para divertirse fuera necesario destruirse. Si la falta de plenitud es más profunda, los jóvenes buscan cosas más extremas, al grado de dañar o matar a otro sólo por diversión.
Diversión y fatalidad.
Existe un porcentaje alto de personas alcoholizadas que mueren en accidentes de carretera. Alcohol-velocidad-muerte es una combinación lamentable. Sólo en el Distrito Federal, hubo 22,795 accidentes de tránsito en el año 2006, de los cuales el 70%, es decir, 15, 956.5, estaban relacionados con el alcohol. En estos accidentes, 220 personas perdieron la vida, y 1600 resultaron lesionadas. El índice de muertes por accidentes relacionados con el abuso de alcohol es, así, superior a las muertes relacionadas con el crimen. Desgraciadamente, existen diversiones que tienen un cruel desenlace, provocando que de la sonrisa se pase a la tristeza y al dolor. Un mundo sin valores lleva a una necesidad desesperada por divertirse, a costos muy altos.
Diversión y amor.
La diversión es buena siempre y cuando represente un bien para la persona individual y colectiva. Los jóvenes cristianos se divierten, ¡y mucho!, pero sin evadir las responsabilidades y los compromisos propios de la vida. Tratan de que cada actividad: estudio, trabajo, apostolado, oración o vida comunitaria… esté impregnada de gozo, es decir, disfrutarlas al máximo, aunque esto suponga sacrificio y dolor.
El gozo en cada actividad ayuda al proceso de personalización del hombre, y tiene su fuente en el amor. Sólo así pueden existir la alegría, la felicidad y la diversión. Si no hay amor en la diversión, ésta se vuelve deshumanizante, y crea una vida sin un rumbo claro. Y la fuente del amor es Jesús, nuestro Señor. Acercarse a Él no es amargarse la vida, sino todo lo contrario, disfrutarla al máximo porque Él lo dice claramente: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Jn 10, 10).
P. Rubén Tapia R., msp

